miércoles, 7 de febrero de 2007

Cuzco II

Estimados todos
Creo que Cuzco se escribe con "s" y no con "z", pero también creo que antiguamente los cronistas lo escribían así. Respetaré la memoria de mis predecesores.
No cuento con mucho tiempo, pero hemos aprovechado una oferta buenísima y mañana partimos a la selva, a la reserva nacional de Manu, y creo que entre caimanes y anacondas no tendré la posibilidad de escribir nada, así que voy a resumir lo que ha pasado entre Cochabamba y Cuzco. En nueve días más -si Dios quiere- les cuento lo que fue nuestro viaje en bote por el Amazonas.
La primera impresión que tuvimos de Cochabamba no fue superada por el par de días que estuvimos ahí, y para colmo de males nos enfermamos comiendo un pollo frito. Creo que el consumo per cápita de pollo en bolivia supera a cualquier país en el mundo, pero nuestros estómagos no resistieron, y la Kate aún tiene secuelas. En la noche fuimos, para purificarnos, a un restorán vegetariano que parecía un concurso de cocina de la semana del colegio. Pero nos alimentamos por lo menos.
Al otro día dimos unas vueltas por la ciudad con uno de los brasileros que habíamos conocido antes y que encontramos ahí, y a media tarde tomamos un bus a La Paz que debía ser un viaje de unas cinco horas. Pero resultó que los cocaleros se tomaron la ruta por mucho rato demandando no se qué, y estuvimos varados en la mitad del camino, discutiendo de política interna con las viejas y los choferes de los buses. Finalmente llegamos a La Paz como a las doce de la noche y con el temporal gigantesco que había no tuvimos mas opción que tomar el primer hotel que encontramos, que resultó ser bastante más caro que lo que estábamos acostumbrados. Pero fue una noche agradable, con un muy buen baño y desayuno.
Al día siguiente fuimos a conocer la ciudad, que nos gustó mucho (ferias, miradores, catedrales y de todo), comimos ceviche, compramos recuerdos y terminamos el día viendo Rocky Balboa en un cine. Puede sonar como un pecado ir a ver Rocky viajando, pero la película nos entretuvo y nos gustó mucho. Stallone asume su llegada a la tercera edad con mucha dignidad y la película está llena de consejos sabios como "el único respeto que debe importarte es el auto-respeto" o "golpéalo hasta que sus ancestros lo sientan". Esa noche alojamos en un hostal para ir al otro día a Coroico, que es a donde llegan las bicicletas que hacen el Tour de la Muerte, una ruta construida por los soldados paraguayos en la guerra del Chaco y que hoy sirve a camiones de alto tonelaje y turistas desquiciados.
Coroico queda en la Yunga, que es lo que hay entre la sierra y la selva, y es un lugar que nos gustó mucho. Nos quedamos en la casa de un matrimonio suizo-bolivana medios hippies donde pude reponer mi cuerpo practicando un poco de Yoga. No le hice caso a la Kate y decidí auto-inmunizarme no usando repelente para mosquitos, lo que fue una pésima decisión. Al otro día contamos 180 picaduras en todo mi cuerpo que no me dejaban ni dormir. Y era fácil decirme que no me rascara, pero me sentía como un perro pulgoso (tal vez es lo más cercano que he estado a darme cuenta de mi condición).
Nos acostamos temprano, porque el transporte desde la paz parecía una montaña rusa y estábamos muertos, y al otro día bajamos el camino de varios kms que llevaba a unas pozas naturales en un río. Por suerte a medio camino una familia se compadeció y nos subió al portaequipaje de su auto. El río fue increíble, y tuvimos que remontarlo a pie haciendo frente a una corriente no menor, con el agua hasta la cintura. Pero valió la pena porque nos bañamos en una especie de jacuzzi natural, con millones de mariposas de todos los colores enamorándose de nuestras zapatillas, toallas, etc.
Volvimos y tuvimos que caminar cerro arriba unas tres horas hasta que nos volvió a tomar otro amable auto. En el camino robamos algunas mandarinas que nos salvaron la vida. Esa noche nos volvimos a quedar donde estábamos y comimos en el restorán que recomendaba Lonely Planet, y que resultó ser un fiasco y caro. Por suerte compartimos la mesa con unas escocesas muy simpáticas.
Al día siguiente nos levantámos temprano y tomamos un minibús a La Paz, para hacer un cambio y tomar un bus a Copacabana, en la orilla del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo. Copacabana es una ciudad muy linda, pero llegamos tarde y nos fuimos a acostar al primer hostal que vimos, tras comer nuestra primera de muchas truchas. Nos levantamos muy temprano y tomamos una lancha de dos horas hasta la parte norte de la Isla del Sol, que nos encantó. Ahí empezamos a divisar la legión de chilenos que andan por estos lados, lo que ha sido muy bueno aunque te hace aterrizar bastante. La Isla del Sol es lo que hace que el Titicaca sea sagrado, porque ahí está la Roca Sagrada, de donde VIracocha creó el sol, la luna y toda la cuestión. Visitamos esta roca y un par de ruinas y comenzamos la caminata a través de la Isla, que duró unas cinco horas (con parada a almorzar unos panes) y fue asesina. Los dos llevábamos mochilas y casi se nos dislocan los hombros. Encontrámos tirado en el camino al Suizo que habíamos conocido camino a Uyuni, que estaba al borde de la muerte porque llevaba una mochila como de cuarenta kilos. Pero finalmente lo logramos, y cuando creíamos que habíamos pasado lo más duro y teníamos nuestra carpa armada en una playa para nosotros dos nos fuimos a acostar. Pero venía lo peor. Como a las tres de la madrugada se armó una tormenta de rayos, truenos y centellas como nadie puede imaginarse. Dicen que hay que contar los segundos que pasan entre el rayo y el trueno para calcular la distancia a la que fue la descarga eléctrica, pero en nuestro caso las dos cosas sucedían simultáneamente, y traían a la carpa una luz que encandilaba totalmente, y un ruido ensordecedor. Apagamos discman, linternas y todo por precaución, pero fue tremendo. Ahora la Kate escucha un rayo y corre a buscar auxilio. Además llovió tanto que los bordes de la carpa se nos llenaron de agua, y tuvimos que poner las toallas, ropa, etc. como protecciñon. Cómo sería de fuerte la lluvia que rompió unos huevos que habíamos dejado a la intemperie. Nuevamente, sin embargo, sobrevivimos.
En la mañana llegó un pescador aymara que el día anterior nos había visto a ofrecernos pescado, y como no queríamos nos ofreció llevarnos en su bote al puerto por una módica suma. Tomamos desayuno con él, levantamos el campamento y nos fuimos. De más está decirnos que, con el poco español que dominaba, consiguió pedirnos el aceite, agua y todo lo que teníamos, porque en la isla la gente te pide todo.
Volvimos a Copacabana y, después de almorzar, tomamos un bus a Puno, en Perú. Cruzamos la frontera y en Puno fuimos a visitar las Islas Flotantes, que es una cosa impresionante. Son islas de totora que flotan (era que no), y la gente vive ahí y salen a pescar. Hay fotos de todo. Lo único que vale la pena remarcar es que nuestro capitán del barco era un inepto y dejó el barco atrapado en unos juncos de totora y tuvimos que esperar que otro nos pasara a recoger. Y el frío era de temer.
Y anoche viajamos a Cuzco, desde donde les escribo ahora. Me tengo que ir así que me despido con un abrazo para todos. Espero poder escribir pronto.

Cuzco

Hola a todos
Perdón por no haber escrito en tanto tiempo, pero no había tenido tiempo. Además, veo que el rating de comentarios a decaído exponencialmente, lo que no deja de ser frustrante. En dos días más voy a actualizar con lo que ha sucedido hasta ahora, por lo pronto aprovecho de mandar un saludo desde Cuzco a quien sea que lea.
Pedro